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Nos mudamos. Sí, ya sabemos que no es una mudanza definitiva, sino un traslado estratégico, pero es una forma de decirlo, nomás.
De todos modos, este blog seguirá funcionando; quizás con menos frecuencia, pero aún podrán seguir leyendo las noticias cantamañaneras...

Los esperamos en www.cantamanianas.com

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El sacrificio del héroe de Sebastián Porrini

Prólogo*

     Comencemos este libro por el final, o bien, por un final posible, acaso inevitable: la tragedia ha muerto. La condición del hombre posmoderno no ha hecho más que agudizar esta sentencia. La muerte de Dios, junto con la muerte de la tragedia han derrumbado los paradigmas que sostenían la esencia de la condición humana. El hombre ha dejado de buscar la verdad de su existencia, ha dejado de buscar el Ser más allá de sí mismo, en un plano de trascendencia para conformarse con el engaño que le otorga la inmediatez del aquí y el ahora. Ese tiempo presente continuo es el síntoma de una suerte de imposibilidad. Dios o los dioses, en tanto símbolos de los arquetipos universales, nos trascienden y el arte, sea cual fuere su manifestación, es una forma de esa trascendencia. Afirmar su muerte es reducir la existencia a un vacío. La tragedia, en su enorme complejidad no puede morir, no debe morir. Movido acaso por la necesidad de darle vida, Sebastián Porrini nos conducirá en este trabajo por un camino de revitalización de una realidad que parece lejana, pero que no deja de entregarnos respuestas a preguntas eternas. La tragedia no puede morir, y no lo hará.
     Este libro que empieza, o bien, que se detiene antes de empezar, en estas palabras introductorias ha surgido, como decíamos, de una necesidad de otorgarle vida a un cuerpo de conocimientos de la realidad que ha sufrido los embates del devenir del mundo. Avanzar sin detenerse, progresar, crear nuevos mundos, nuevos paradigmas, tal es la condición actual de nuestro tiempo. La ciencia, no sin verdadero mérito, se ha erigido como la reina del conocimiento y ha desestimado que el mundo, antes de que ella lo dominara, ya existía y se manifestaba ante los hombres. ¿Por qué debemos someternos a una mirada que no considera esta realidad pre-científica? Podremos vivir en paz regidos por las sentencias que se construyen como verdades, pero seguirá existiendo, aun sin que lo percibamos, una ligera angustia por saber más, por entender más. El origen de esa angustia existencial se encuentra allá, en el mundo antiguo, en el tiempo antes del tiempo que nos entregó el mito como forma de encontrar el Ser del hombre. Porrini ha sabido hacer caso a esa angustia y el resultado de su propia experiencia con el mito se condensa en los capítulos que siguen. Sea advertido el lector de que no en vano elegimos la idea de condensación: la materia de este libro es densa, profunda y contundente y quizá, una vez terminado, necesitemos volver a ciertos pasajes para entender que más allá de lo que estamos leyendo, hay otra verdad que debemos seguir desentrañando. Tal es el desafío que se nos presenta ante este sacrificio del héroe.
     En el decurso de estas páginas, encontraremos la esencia que hace del mito la fuente inagotable de la experiencia del y en el mundo. La pregunta por esta esencia comienza en el origen mismo de su existencia. El mito, antes de convertirse en símbolo y misterio, nace con las ideas en su estado de manifestación arquetípica. El primer capítulo desarrolla esta distinción originaria: el arquetipo como forma universal e inmutable es la estructura profunda que se proyecta en el mito para ocultarse bajo la sombra del misterio y del símbolo. Misterio que nos sumerge en una búsqueda más profunda, el mito-símbolo se despliega, se hace vivo en el ritual. El hombre originario ritualiza aquello que no puede comprender con el afán de comprenderlo. Esta paradoja que encierra toda práctica ritual es la que, avanzado el siglo V A.C., permite el advenimiento de uno de los hechos artísticos más significativos de la historia del hombre: la tragedia. Podemos, como suele suceder en los modernos estudios socioculturales, leer las implicaciones políticas del fenómeno trágico en el contexto propio de la Atenas que se erige victoriosa sobre Persia. Pero tal lectura es parcial, incompleta y sesgada ya que la tragedia no se consolida como institución de la polis, sino que precede esta práctica y se sostiene en su carácter ritual; y como tal, conlleva en su esencia un carácter sagrado que nos exige una decodificación más elaborada.
     Entendida como forma ritual del mito, la tragedia echa raíces en mitos aparentemente clarificados. La dicotomía nietzscheana que hace oscilar el origen de la tragedia entre Apolo y Dionisos no es suficiente. En su exposición, el profesor Porrini desmonta el mito que justifica la presencia de ambos dioses en el ritual trágico y sugiere, ensaya y afianza una lectura menos determinante que la de Nietzsche. Apolo y Dionisos son dos rostros de una misma esencia, parecen alejarse uno del otro, pero en su origen más primitivo se hallan mutuamente imbricados. En el héroe trágico confluyen las dos manifestaciones divinas, equilibrio y desmesura, no como distanciados, sino como complementarios. Entre el ir y el devenir, entre Apolo que se aleja y Dionisos que viene, se erige la esencia del héroe sacrificado, y en ese sacrificio encontraremos la condición del Ser en el mundo.
     Si el arquetipo se proyecta en el mito, y el mito, hecho ritual se hace tragedia, hay algo que fluye en los intersticios de esta manifestación del Ser: la poesía. El poeta es profeta, según las palabras del autor, ya que en su lenguaje creador se manifiesta la verdad máxima que surgiera en el arquetipo. La poesía es el lenguaje del Ser y solamente a través de ella, la tragedia, y por ende, el mito, no han de morir, sino que renacerán cada vez que se articule ese lenguaje esencial.
     Hemos dicho que la tragedia no podía morir ¿Cómo evitar que muera la tragedia y con ella todo lo que Grecia tuvo de grandeza? Dirán algunos, confiados acaso en su conocimiento académico, que cifrar el genio helénico en la tragedia implicaría reducir siglos de manifestación artística y cultural que han hecho de la civilización griega uno de los pilares de lo que hoy llamamos mundo contemporáneo. Efectivamente, la pretensión reduccionista es el último lugar al que estas páginas nos dirigen, ya que la tragedia no es una mera  parte de esa expresión, sino la condensación más compleja de lo que significó Grecia. Punto de convergencia de una forma de ver el mundo, de entenderlo, de reaccionar ante él, el fenómeno de lo trágico sigue manifestándose ante nosotros y no podemos negar que su esplendor nos sigue interpelando a encontrar en nuestra esencia otro camino de conocimiento. Buscar en el mito el Ser y entender así nuestra condición humana ante la realidad de la existencia. Esa angustia o impaciencia no ha podido ser mitigada ni por la filosofía ni por la teología, ni por ninguna disciplina que se pretenda científica. Han otorgado respuestas parciales, pero ninguna de ellas ha logrado, en rigor de verdad, transmitirnos lo que somos. Ante esta incertidumbre, el mito ritualizado, es decir, la tragedia en esencia ha encontrado un vehículo de expresión fundamental: la poesía. El lenguaje prosaico es insuficiente. Por eso la poesía en tanto lenguaje de la creación es el único que puede revitalizar la experiencia primera ante el mundo; el poeta, poseído por la manifestación suprarracional de la existencia se convierte en demiurgo para canalizar lo que los sentidos no logran transmitir con pureza. En el sentido platónico, vivimos engañados por la percepción y la única forma de desentrañar los arquetipos es poéticamente. La tragedia es, entonces, el mito hecho poesía.
     La tragedia, entonces, no ha muerto. Agoniza, sí, pero no ha muerto y en las páginas siguientes, encontraremos un  último aliento de vida para evitar que se desvanezca ante el avance absurdo de un paradigma que, perdidos los rituales, pretende reducir la realidad a la inmediatez del instante, a la rigurosidad de dos dígitos que pueden ser la esencia del mundo que se proyectará infinito, pero que no llega a ser la esencia del mundo que ya surgió de esa infinitud. Dejar que la tragedia muera es sumirse en el engaño de que el mundo tal como es basta para entender lo que somos.

     ¿Por qué hoy, entrado el siglo XXI, en la llamada era digital, deberíamos seguir dirigiendo nuestra atención hacia ese mundo que existe en el tiempo antes del tiempo y que ha encontrado su punto máximo de expresión en la tragedia? Porque ese misterio que se nos presenta bajo la forma de símbolo es la búsqueda de nuestra propia condición: antes de que el mundo fuera hecho, decía Yeats, teníamos un rostro, y acaso encontremos ese rostro inicial, arquetípico e incomprensible en el fulgor del mito. Consternados por lo que ese rostro les haya podido mostrar, los poetas lo disfrazaron con máscaras y se distanciaron de esa condición a sabiendas de que cuanto más intentaran alejarse de ella, más se hundirían en la incertidumbre del querer saber. Tal es la condición trágica del hombre, tal es el paradigma de Edipo, o la condena de Prometeo; desentrañar la esencia del Ser, conocerlo, apropiarse de él sin saber que, como la cabra del ritual dionisíaco, desentierran el cuchillo con el serán sacrificados. El rito adquiere carácter metafísico en tanto que él nos enfrenta al arquetipo que llamamos Ser. Así, la afirmación inicial que sostiene las ideas de este libro cobra un valor de sentencia y de verdad: “La búsqueda del Ser deviene mito”; y agregaremos que ese devenir ubica al hombre frente a la verdad primordial que lo justifica, sin máscaras, desnudo. Entender que somos esa verdad acaso sea el mejor camino para entender este complejo entramado de objetos, ideas, percepciones y conjeturas que llamamos realidad.

Diego Ortega Servián
Julio 2015

*prólogo a la edición impresa.
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Aproximaciones, de Alejandro Gimenez Luna

Hacia la búsqueda del silencio esencial*


   
La palabra poética es el mayor misterio que la literatura se ha planteado como expresión de la voluntad creadora. Signada por la limitación que el lenguaje le expone, la poesía se propone un ejercicio de superación que convierte su mensaje en un triunfo de la manifestación artística. Cuando el poeta se deja poseer por ese mensaje, la palabra se reconstruye, renace, para devolver en esencia la prístina significación que surge de su creación.
   En el poemario que tenemos entre manos, la sutileza de su creador nos plantea un ejercicio notable: ocho partes fragmentan el mensaje en un equilibrio evidente, que se estructuran como instancias bien demarcadas de un derrotero a la vez individual y simbólico. “Inicial” abre el libro con un solo poema, que se repite en el “Final” con otro poema. Ese poema inicial permite develar el deseo mágico del poeta: cantar, cantar ante las dudas, de camino por un sendero que “había, hace tiempo, perdido” y que como todo héroe en su búsqueda debe reincorporar para renacer como tal. La segunda parte “El ciclo eterno” concibe el tiempo como renacimiento, ante las caídas inevitables, que se expandirán de manera notable en la tercera parte “El caído”, espacio en el que el “no saber” se relaciona con la “soledad” y con la “eternidad”, temas que son blasones de la condición humana desde el mismo origen. Una cuarta parte, llamada “Nocturnidad” enciende la noche como prueba: el héroe del que habláramos está frente a instancias inefables, condición que parecería absurda desde la palabra, pero que se alimenta de la creación que enlaza la propia experiencia con su propio lenguaje. La quinta parte, “Aproximaciones”, que recoge el nombre del poemario total, pone al héroe ante la derrota, que se reconstruye como caída y como revelación; el aprendizaje notable que estatuye su peregrinaje como una iniciación en la simbología trascendente de la esencia. Por ello llega con la sexta parte “El silencio del claustro”, ese necesario alejarse del mundo que lo sumerge en el vacío, en el encuentro con la propia materia, para despertar a la nueva instancia de su camino. Y en la séptima parte, “Naturae”, es desde la naturaleza nominada cómo se renace, cómo se purifica, cómo se libera de las costras de la propia caída, cómo se prepara para la victoria en el silencio final, cuando decide callar, ya triunfante en el dominio de la palabra de la que, no obstante, huye otra vez. Héroe derrotado, pero fatalmente victorioso.   
   Alejandro nos advierte en sus “Palabras preliminares” que ha encontrado “toda la escritura como una revelación”. No nos cabe duda de que la experiencia poética se nutre y nace de esa revelación, ya que sin ella la poesía muere ante la mera anécdota, ante la materia panfletaria, ante la cursilería que, como un placebo, sólo esconde su nada en un juego fatal de moda pasajera. Alejandro sabe que se ha dejado poseer por algo que no comprende absolutamente, y que es la materia (por ello  incomprensible) de la verdadera poesía, aquella que funda un mundo, aquella que hace nacer un lenguaje nuevo por natural, nuevo por tradicional, inmerso en la belleza de la palabra despojada de maquillajes efímeros.
   Si la literatura es sintaxis, como sostuvieran algunos grandes creadores, esta antología poética resalta esa afirmación, no sólo por el quiebre natural que un poema produce en la musicalidad de la prosa, sino, fundamentalmente, por el ejercicio que el poeta ha realizado al exhibir un estilo propio, más allá de las convenciones que las diferentes formas poéticas requieren, como lo es el caso del soneto. Observamos que el verso se adecua a la creatividad de lo dicho, con  alteraciones sintácticas suaves, en muchos casos propiciadoras de aislamientos que impulsan una significación exquisita:

     “Inamovible, serás de tierra, / madre de tantas cosas brillantes.” Hoy que naces.

   O se detiene en la enumeración feliz de acciones, que se sustancian en ideas fuerza de marcada significación:

     “Y yo rezo, / inclinado ante mi propia figura. / Y veo de cerca las grietas en mi rostro, / en mis manos, en mi pecho / y mi interior… vacío.” La noche es un templo.

   El entramado de los temas construye un detalle muy importante. Como los poetas filósofos de la antigüedad, los elementos hacen su entrada: así, el agua es lustral, y purificadora, como en Aguaribay, o es directamente vida, como en Hoy que naces, para ser “cauce del río, bello raudal.” Aunque este primer elemento se re-designa como “fría” en La causa, para caer “sobre los cuerpos desprotegidos”. Y se realimenta como materia creadora en Crear, poema en el que se resurge del agua como un ser nuevo.  
   El aire, el segundo elemento que denotamos, se apresura a hermanarse con el agua en Hoy que naces, para dotar de dulzura la brisa que una vida atisba a manifestar en el instante de su surgimiento. Y se vuelve estertor en Habitación, hasta ser “un árbol seco de pena / deshojando su última / agonía.”
   La tierra se fundamenta en Al alba, cuando sea en ella donde reposará aquello que dio sombra a nuestra existencia.
   Y es fuego en La noche es un templo que se acumula como un ardor. Aunque con el agua y con el aire, que son indiscutiblemente los dos elementos más presentes, el autor nos remita al sentido de lo más inmaterial, de la fluidez, ya sea como purificación, ya como inmarcesible sensación de la más bella liviandad de la naturaleza espiritual.  Porque de esos elementos, el poeta se vale para retratar su espíritu, al que separa del alma, en un entendimiento que remite a las más antiguas concepciones de la tríada humana, tríada que conforma con el cuerpo, este último como presencia que dialoga, crítica o visceralmente, con los otros dos estados de la esencia humana.
   Permítaseme agregar que el héroe del que habláramos no se detiene en un simple triunfo: ve la pérdida del pasado idílico como un tiempo irrecuperable (Esta casa ya no es mi casa), o se enfrenta a los otros que están impedidos de volverse esencias pues “ellos no vuelan como hombre”. O se vuelve a crear para la eternidad, separándose del tiempo que lo busca con sus cadenas, y que se instituye como anhelo de liberación del mundo, como en el poema Un deseo, en el que el poeta quiere crear la eternidad “con un suave movimiento de mi mano”.
   Noche, luz, vida, muerte, realidad y deseo. Todo. Todo aquello que es la sal de la causa humana está en estos poemas. El héroe, como en los grandes poemas épicos, se sacrifica, es el hijo dilecto que la tragedia requiere para alzar la purificación hasta la victoria. El último poema, un soneto, re-enciende la llama de la gloria: la forma recuperada, la palabra triunfante, que busca su máximo triunfo: el silencio. Por eso el poeta calla, advirtiéndonos que el silencio es la mejor poesía, contradictoria y triunfal, hasta que el poeta vuelva a recrear la belleza de la materia fundamental.

Sebastián Porrini
Agosto 2015

*prólogo a la edición immpresa
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En el tiempo perdido de la búsqueda, de Sebastián Porrini

   

   El reloj de la plaza se detuvo y la hora que sigue marcando es ilusoria. Ahora, los paseantes no saben en qué hora viven. No está mal. La eternidad es una plaza en la que nadie se detiene a ver la hora.*

***

   El Río de la Plata, según me informa Juan José Saer, tiene la superficie de Holanda. Y ese pequeño país se construyó junto a un mar al que le robó la tierra palmo a palmo. De allí, salió un imperio colonialista y ávido de esclavos.
Nosotros construimos nuestro país de espaldas al inmenso estuario. Sin embargo, todo llegó y se fue por él. Desde que los charrúas se dieron un banquete con Don Juan Díaz de Solís, nos ha gustado todo lo importado.*

***

   No se sabe dónde nació Homero. Tampoco, dónde murió. Y se duda si realmente existió. La humanidad, no obstante tales pruritos del registro civil, lo cree ciego, sabio y longevo. No es la primera vez que una obra de arte crea su autor a su imagen y semejanza. Y si no, observen la Biblia.*

*del libro En el tiempo perdido de la búsqueda, cantamañanas (2015)
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al mundo no le importa si vos llorás, de Cristian Walter

PRÓLOGO*

  Hace un tiempo atrás recibí una pila de papeles y un pedido. Los papeles eran el manuscrito de este libro y el pedido, el de un prólogo. No tardé en abocarme a la lectura y descubrir el particular universo que me proponía este autor. 
  Ya desde el título, el libro me interpelaba con su ausencia de mayúscula inicial [este escritor, ¿sabrá escribir, digo yo?], con su voseo confianzudo, con esa afirmación tan contundente como impertinente [“no le importa, ¿entendés? ¡qué le va a importar…!”].
  Incitada por la curiosidad y por cierto aire desafiante del título, abrí la primera página y me encontré con el primer cuento, “El camino de regreso”, y con una frase del querido Manuel Puig: “No creo en eso de vivir el momento, Molina, nadie vive el momento. Eso queda para el paraíso terrenal.” Ese fue el segundo momento en que me quedé con la mirada clavada en la hoja, pero sin leer: mi mente divagaba [¿De dónde regresa el camino? ¿Quién o qué regresa? ¿Será que es un camino hacia un tiempo en vez de hacia un lugar…?].
  Casi sin darme cuenta, la historia transcurría frente a mis ojos, ya no a través de caracteres de tinta negra, sino bajo la forma de imágenes vívidas que las palabras del autor generaban en mi mente. Es eso, el estilo en que están escritos estos relatos está impregnado de cotidianidad, tanto que a veces la encontramos asfixiante y otras, insólitamente llena de poesía. ¿Qué más decir? La lectura me atrapó: seguí leyendo.
  Segundo cuento, “Temporal”: 
“Observaba el lento peregrinar urbano, con sus embotellamientos y sus manifestaciones, con su malhumor y sus olores, con sus oficinistas y sus vendedores ambulantes y con ese ‘no-sé-qué’ que siempre le dio tristeza”.
  ¿Puede no pasar nada y al mismo tiempo estar pasando muchas cosas? ¿Puede la ternura quebrar la miseria de la rutina? Leo y el relato me responde. Sigo. El tercer relato es el que le da el título al libro y –sin dudarlo– redondeo con una birome “bic” la frase inicial, dura y contundente como un “cross a la mandíbula”:
  “el reloj da las 5:30, volviéndolo a esa realidad menos real que la realidad de los sueños.”
  [Y dale con negarse a usar las mayúsculas… me enloquece, todo el relato parece una sola frase, la lectura me resulta vertiginosa. Un detalle: le robo al autor estos corchetes que uso para escribir el presente prólogo.]
  No es mi intención aquí comentar los pormenores de la lectura de cada uno de los relatos que integran este volumen, sino simplemente, compartir la experiencia de mi primera lectura de ellos y, para qué negarlo, cometer una “apología” de estos cuentos. 
  Desde el comienzo, y durante toda la lectura del libro, varias veces tuve que volver a leer lo escrito una y otra vez porque me encontraba con que mi mirada atravesaba todo un párrafo, pero mis pensamientos se habían quedado anclados en el anterior. Creo que esto constituye una característica, no de los relatos en sí, sino de la forma en que son leídos. Imposible no detenerse en algún punto [con la mente en silencio o apabullada de imágenes].
  Luego, dejando de lado al lector, sólo por un momento, noté que los personajes parecerían ser de carne y hueso [detalles cotidianos: una marca de cigarrillos que fumaban los abuelos, una esquina conocida, el olor a tierra mojada, esa sensación de angustia que seguramente todos experimentamos alguna vez].
  El autor, Cristian Walter [un famoso “vendehúmos” de estos pagos, lo sé porque lo conozco hace tiempo…], nos engaña haciéndonos creer que estos personajes pueden ser nuestros vecinos, incluso nosotros mismos. La narración se nos hace cercana, habitual: tal vez tomamos un “Ciento diez” esta misma mañana, o estuvimos metidos anoche en una guarida de almas en pena tomando un trago, como aquel bar de atmósfera pastosa  y cuerpos lujuriosos del cuento “Voyeur”.
  Se me ocurre –ahora– que en todos los relatos subyace una búsqueda, de no se sabe bien qué [un lugar una persona un momento un objeto una razón]. Buscar, aunque no se encuentre. Caminar, indagar, recorrer, explorar. Tal vez el secreto sea estar en movimiento.
  Recuerdo el título del primer cuento [“El camino de regreso”] y pienso que tal vez todos –autor, personajes y lectores– transitamos los caminos de estas historias. De distintas maneras, claro. Algunos, como Raúl, con ciertas nostalgias por lo perdido, o peor aún: por lo que no va a pasar jamás. Otros, en cambio, como Margarita, con la alegría de vivir con los cinco sentidos más despiertos que el sofocante sentido común. En cada cuento alguien parece andar un camino [¿Andar será algo que uno hace voluntariamente o será un instinto, un mero acto reflejo humano?]
  caminar andar buscar esperar [¿para qué, si todo es efímero, si a nuestras vidas se las traga el tiempo y el olvido; si, en definitiva, al mundo no le importa –¡qué le importa!–  si vos llorás?] Esto lo sabe bien el protagonista de “El baño”:
“Había perdido la noción del tiempo; no sabía cuánto llevaba sentado, meditando. Tal vez el tiempo ya no corría de la misma manera; tal vez el espacio se había reducido a ese instante; tal vez el todo y la nada se habían fusionado en esa idea. 

Y si el mundo se detuviese por un segundo, ¿desistiría?  ¿cambiarían sus planes?
Miró a su alrededor y no había nadie. Estaba solo.”
  Hay que decir que no es difícil caer en la melancolía.
  Luego, al dar vuelta la última hoja de “El baño”, me encontré con una nueva portada que anunciaba “quereme así…” [y cómo no recordar a la Luna rodando por Callao] Me predispuse a leer algo diferente de lo anterior. En esta página el autor pedía algo que no puede pedirse. Me conmovió cierta ingenuidad en esa frase [además de la exposición total, la honestidad brutal, el último desesperado recurso que implica rogar a alguien: quereme, quereme así…].
  Al leer esta parte del libro, supuse –y el autor me lo confesó después– que era un bloque diferenciado del resto de los cuentos. “Esas manos”, “te voy a extrañar” y “La perfección del amor” integran este grupo en donde el autor pareciera explorar algunas de las formas posibles del querer. 
  Subrayo con la misma “bic” de antes esta frase, que me resuena por lo crudamente cotidiana: “Siente el peso de los años en sus huesos y en la humedad de las paredes –recuerda, sobre todo, aquella mancha del living y piensa en la discusión que ocurrió días atrás, por culpa de esa misma mancha pensar que estuvimos cinco días sin hablarnos, dice en voz baja–.” [levanto la mirada de la hoja y vuelvo a perderme en mis laberintos mentales].
  En el segundo cuento de este “terceto” Carla e Iván se buscan denodadamente aunque no logren concretar el encuentro [o tal vez sí, tal vez están más unidos que nadie, pero lo ignoran…]. Ya finalizando la lectura del libro me encuentro con una mujer obsesionada con la perfección en todas sus aristas: empeñada en conseguir el amor perfecto, la unión perfecta [se me vienen a la cabeza los versos de los místicos, el inefable San Juan de la Cruz y la “amada en el amado transformada…”].
  Di vuelta la última hoja, la del final, y quedé frente al índice. Repasé los títulos evocando cada uno de los cuentos, nuevamente con la mirada suspendida en el aire. Como dije, pienso que esa es una de las grandes cualidades de este libro: abre caminos, propone posibilidades. No se cierra a conclusiones contundentes e irrefutables.
  Creo que Cristian Walter, el autor de estas páginas, debe de pensar algo similar. Si no, nos daría cuentos perfectamente empaquetados, con moño y todo. Cuentos que pudiéramos leer en la cama, a la luz tenue de un velador, para luego dormirnos con una sonrisa beatífica en los labios. Afortunadamente, no es así. Por eso es que los incito a ustedes, lectores, a andar estas páginas y a disfrutarlas y aprovecharlas tanto –y ojalá que más– como yo lo hice.

Carolina Arias
*prólogo a la edición impresa
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El impreciso arte de caminar historias

  Creo que no me equivocaría si me arriesgara a decir que este libro es un intento de búsqueda. Una búsqueda de no se sabe bien qué [un lugar una persona un momento un objeto una razón].
  Transitamos el día a día levantándonos con el estridente ruido del despertador, corriendo a nuestros trabajos sin haber desayunado "el reloj vuelve a sonar. último aviso. no hay más tiempo. debe salir corriendo…" (“Al mundo no le importa si vos llorás”).
  O colgándonos de colectivos llenos, encerrados en la miseria de la rutina y la cotidianidad 
"Observaba el lento peregrinar urbano, con sus embotellamientos y sus manifestaciones, con su malhumor y sus olores, con sus oficinistas y sus vendedores ambulantes y con ese ‘no-sé-qué’ que siempre le dio tristeza" (“Temporal”).
  Pero ¿es eso un transitar, un avanzar? ¿O se trata solo de una caminata en círculos?
  
  En “El camino de regreso” los personajes parecen querer desandar sus pasos para volver a lo querido, a lo seguro; volver a un momento feliz. Volver, a costa de lo vivido, de los demás y de sí mismos. Volver a toda costa.
  La cuestión es estar en movimiento. Así, autor, personajes y lectores transitamos los caminos de este libro. De distinta manera, claro. Algunos -como en “Esas manos”-, con ciertas nostalgias por el pasado, por lo perdido, o peor aún: por lo que no va a pasar jamás. Otros, en cambio, como Margarita, con la alegría de vivir con los cinco sentidos más despiertos que el sofocante sentido común.
  
  En algunos relatos, el camino llega a buen fin. En otros, no llegamos a ser testigos del final del recorrido, o tal vez nos encontramos con la amarga revelación de que el resultado obtenido no es el esperado…
  
  Caminamos de la mano de los personajes, y el autor nos engaña haciéndonos creer que pueden ser nuestros vecinos, incluso nosotros mismos. La narración se nos hace cercana, cotidiana: tal vez tomamos un “Ciento diez” esta misma mañana, o estuvimos metidos anoche en una guarida de almas en pena tomando un trago, como aquel bar de atmósfera pastosa  y cuerpos lujuriosos en  “Voyeur”.

andar caminar buscar esperar

  En definitiva, ¿para qué hacerlo, si todo es efímero, si a nuestras vidas se las traga el tiempo y el olvido? ¿No es esto una definición perfecta del absurdo?
  Esto lo sabe perfectamente el protagonista de “El baño”: 
“Había perdido la noción del tiempo; no sabía cuánto llevaba sentado, meditando. Tal vez el tiempo ya no corría de la misma manera; tal vez el espacio se había reducido a ese instante; tal vez el todo y la nada se habían fusionado en esa idea. Y si el mundo se detuviese por un segundo, ¿desistiría? ¿cambiarían sus planes?Miró a su alrededor y no había nadie. Estaba solo.”
  Y sin embargo.
  (Sin embargo, cuando el teléfono llama, él atiende.)

  ¿Andar será algo que uno hace voluntariamente o será un instinto, un mero acto reflejo humano? En estos relatos, los personajes nos interpelan, nos indignan, nos enternecen.

caminar buscar esperar andar

  En cada cuento de este libro alguien anda un camino. A veces, el camino exterior, concreto, puede ser una metáfora –o una antítesis- del camino interior. La búsqueda puede darse en distintos planos: en el mundo exterior, en uno mismo, en los demás, en un posible más allá. Pero hay una constante.

buscar esperar caminar andar

  A los tropiezos, a zancadas, con retrocesos y nuevos avances. O, quizás, una detención, un paréntesis en el tiempo. A pie, en colectivo, en brazos de otro, por los caminos retorcidos de la mente o los senderos traicioneros del corazón. Transitar a través de otros, o por otros, o a costas de otros.
  Y en el final… ¿llegar?
  
  Por las dudas, supongo que es mejor evitar hablar de conclusiones. Creo que Cristian Walter, el autor de estas páginas, debe de pensar algo similar. Si no, nos daría cuentos perfectamente empaquetados, con moño y todo. Cuentos que pudiéramos leer en la cama, a la luz tenue de un velador, y luego dormirnos con una sonrisa beatífica en los labios. Afortunadamente, no es así.
  
  Me animo a decir que este libro no se lee, se camina. A veces, vertiginosamente. Otras veces vamos a necesitar hacer un alto, respirar hondo y luego seguir. El camino se puede volver sinuoso, escarpado y, por momentos, llano y suave.
  
  Pero, como cada uno va moldeando su propia senda, tal vez estas palabras sobren.

C. A.
Mayo 2014
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Presentación de FILOSOFÍA DE LA TÉCNICA TEATRAL

Ricardo Halac, Jorge Dubatti y Luis Rivera López

El pasado viernes 11 de abril se presentó el último libro de Gustavo Manzanal, Filosofía de la técnica teatral, junto a importantes personalidades del ambiente. 
Este trabajo reúne escritos ligados a su labor pedagógica y a sus experiencias de actuación y dirección.
"Es un libro de filosofía más que de práctica, pues alienta a pensar y repensar aquellos movimientos interiores que resultan en el logro de una interpretación, con el propósito de sacar conclusiones sobre los estados personales y las relaciones con el entorno, y en referencia a un compromiso para con el mundo y sus circunstancias", reza la contratatapa del material.
Lo acompañaron Ricardo Halac, prologuista del libro, Jorge DubattiLuis Rivera LópezGustavo SternischiaDiego Solari y Gustavo Favieri. Coordinó el evento Juan Pablo Pérez.  

Gustavo Manzanal (izq.) y Juan Pablo Pérez (der.)
La noche comenzó con las palabras del autor, quien además de agradecer a los presentes, a la editorial, al Centro Cultural de la Cooperación, a quienes lo acompañaron en la mesa, aclaró que su libro no está dirigido al fenómeno teatral en integridad, sino "a qué produce en la persona el avanzar sobre los mecanismos que le permiten afrontar el hecho dramático, desde lo personal, desde lo general, desde su conducta, desde los valores, desde su conciencia, desde su psiquis".
Gustavo Manzanal lleva una trayectoria de más de treinta años con el teatro, en calidad de maestro, director, actor y autor, y de eso habló también brevemente, para darle lugar a Jorge Dubatti, Ricardo Halac y Luis Rivera López.

Jorge Dubatti
"Este libro es infinito, por la cantidad de cosas que abarca", comenzó diciendo Jorge Dubatti,  quien fue el primero en disertar, en referencia a Filosofía de la Técnica Teatralsin embargo, luego hizo hincapié en lo que él llama "artista investigador"; es decir aquel artista que produce pensamiento.
Desde hace años, en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, más específicamente en el Área de Investigaciones en Ciencias del Arte (AICA), y junto a personalidades como Juano Villafañe, Antoaneta Madjarova y Manuel Santos, Dubatti se centra en estudiar los nuevos rumbos de la investigación artística o, como dice él, "estas nuevas aproximaciones a las relaciones entre arte y conocimiento".
En ese sentido, resaltó que "este libro es una de las constataciones más claras de que el artista, desde la praxis, para la praxis y sobre la praxis, produce pensamiento permanentemente", ya que, según él, uno de los que más sabe sobre teatro es el mismo artista que, a su vez, produce un conocimiento único que se ve reflejado en la aparición de "nuevos vínculos entre la praxis y el conocimiento científico".
Aquí presentó a Gustavo Manzanal como un artista-investigador que produce conocimiento "a partir de su praxis creadora".
Asimismo, reconoció en Filosofía de la Técnica Teatral "la construcción de una mirada sobre el mundo desde la experiencia teatral", puesto que se trataría de un libro de lo específico y, además, de la totalidad. "Hacer teatro en la Argentina no es meramente hacer obras, sino también una forma de vivir; es la construcción de una cosmovisión, de un pensamiento teatral", finalizó.

Después llegó el turno de Ricardo Halac quien, luego de relatar cómo conoció a Gustavo Manzanal, señaló la necesidad de continuar en esta exploración, en esta "búsqueda de creación de pensamiento nuevos".
Ricardo Halac
"Primero viene la creación y luego el estudio sistemático y teórico [sobre la tragedia]", dijo en referencia al primer libro sobre teoría teatral "Sobre la poética" de Aristóteles, puesto que fue escrito luego de que la tragedia, en el teatro helénico, ya había desaparecido. Este libro viene a contradecir esa costumbre -según Halac- de teorizar sobre lo "muerto"; y su importancia radica en la necesidad de que la teoría acompañe ese proceso creativo "ya que es parte del proceso de creación".
El filósofo no sólo debe teorizar sobre el mundo, sino que, además, debe tratar de cambiarlo. Esta unidad entre la teoría y la praxis es lo que resalta Ricardo Halac de Filosofía de la Técnica Teatral cuando cita a Manzanal diciendo que "filosofar no debe ser visto como una manera de pensar la realidad sino como una consecuencia de accionar sobre ella para reinterpretarla". Para el dramaturgo, "estamos hablando de un mundo en movimiento: estamos haciendo teatro, y a la vez estamos pensando el teatro y actuando el teatro".

Cuando la velada estaba llegando a su fin, mientras Luis Rivera López tenía la palabra, se suscitó un hecho inesperado: El libro de Gustavo Manzanal cobró vida. Dejando en claro que sus ideas no son "palabras muertas" en un papel, un grupo de actores comenzó a interpretar una breve obra, interactuando con el público, desnudando sus temores, sus fantasmas, y construyendo, además, ese momento único que nace cuando el espectador y el artista se unen en el Hecho Dramático.

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FLEXIÓN Y EXPANSIÓN. Morfosintaxis del Español

INTRODUCCIÓN*

Desde un punto de vista eminentemente operativo podríamos intentar definir la gramática como el relevamiento y estudio de los elementos constituyentes de la lengua –en virtud de la idea de que ésta es el corpus adonde van a parar las capacidades totalizadoras innatas–; los mismos integran paradigmas dentro de los que se mueven en relación con otros de la misma clase e incluso con elementos propios de otros paradigmas. Tales movimientos y relaciones hacen que finalmente sean lo que son: así un sustantivo, que pertenece al paradigma de las clases de palabras, en su relación con otra clase de palabra, por ejemplo el adjetivo, pasa a integrar lo que se conoce como una Construcción Nominal, dentro de la cual uno de los aspectos que aparecen dignos de ser relevados es el de la concordancia morfológica; mas incluso en contacto con un verbo –otra clase de palabra– puede convertirse en un complemento a nivel sintáctico, de modo tal que ha entrado a formar parte de otro paradigma, el de las dependencias verbales, cuyo elemento vinculante es el verbo, no ya en su condición de clase de palabra sino de núcleo predicacional.

El tratamiento de la gramática a lo largo de la historia ha tenido en cuenta estas fluctuaciones y por eso ha dividido su campo de estudio según los aspectos que la componen: el sintáctico (para las funciones de las palabras), el morfológico (para detectar forma y variaciones de forma de las mismas), el semántico (todo lo atingente al significado) y el fónico (la materia física que hace que los elementos lingüísticos de los que venimos hablando sean antes que nada ‘sonido’) –en los últimos años ha crecido también el aspecto pragmático, que toma todos los otros en tanto y en cuanto actúan dentro de un contexto y una situación.

Sin embargo, el uso de la gramática a nivel escolar ha incurrido frecuentemente en el defecto de trabajar aislando los presupuestos provenientes desde cada aspecto, omándolos por separado y dedicándose a listados clasificatorios, con un fuerte sesgo nominalista (lista de nombres en definitiva), más dirigidos a ser aferrados por la memoria de los educandos que apuntando a una comprensión cabal, apropiada para resaltar funcionamientos dinámicos en lugar de etiquetamientos estancos.

Y mucho peor cuando se ha instituido el trabajo concreto de análisis de estructuras gramaticales nunca en su real naturaleza, o sea desligadas unas de otras, creándose lo que podríamos considerar una disciplina paralela a los aspectos mencionados, eminentemente práctica, llamada Morfosintaxis. Decimos peor pues en su desarrollo, por la sola asimilación de la morfología con la sintaxis ante la advertencia de que las formas de las palabras influyen en sus funciones, y esas funciones son sólo detectables gracias al entramado formal en que se desenvuelven los elementos a lo largo de un enunciado, las Relaciones a establecer desde un aspecto a otro obligan a miramientos fuertemente sostenidos por lo cambiante y lo moviente, lo cual inobjetablemente atenta contra aquellos listados que mencionábamos, tornándolos así inútiles, o poco aprehensibles, o distorsionadores del complejo multifacético que subyace al simple ejemplo del cual pudiéramos llegar a servirnos para la verificación de un postulado gramatical.

Nuestra pertenencia al equipo del Profesor Julio Balderrama torna obvio que estaremos acudiendo a sus enseñanzas de continuo para dar rienda suelta al desarrollo de una aproximación a la Sintaxis –con tratamiento paradigmático del corpus español por tratarse, claro, de nuestra lengua nativa.

Incluso, pueden consultarse nuestras producciones anteriores en la materia (“Hacia una Gramática de los mundos posibles”, “De la lengua a la gramática” y “Gramática = Lenguaje artificial + Lengua natural”), donde abundamos en citas literales y señalamientos de fuente que lo tienen a don Julio como principal destinatario.

Pero esta vez, siguiendo el principio de economía en el cual nuestro maestro insistiera pertinentemente –como uno de entre tantos de los aspectos dotadores de cientificidad del objeto en cuestión–, no estaremos nombrándolo a cada párrafo. Sí quedará inscripto a partir de ahora que haremos uso de sus teorizaciones sobre el lenguaje en general, y que su sesgo pedagógico siempre centrado en la apertura de las conciencias frente a los descubrimientos, en la amalgama de observaciones y en el sincretismo dirigido a la construcción de los mejores modelos posibles, nos servirá para hacer gala de la libertad necesaria con que abordar nuestra propuesta y dar el paso que creemos imprescindible para ponernos a la altura de los tiempos y sus potencialidades.

La gramática no es un conjunto de reglas del buen decir y escribir, y por lo tanto la faz descriptiva que se propone escolarmente sólo queda supeditada a un conocimiento primario de la lengua que se habla: en todo caso se tornará útil, en lo sucesivo, para el aprendizaje de lenguas extranjeras. Pero cuando mencionamos Gramática con un sentido intramundano, de efectos fisiológicos y anatómicos, e impulsos nerviosos, estamos más bien ateniéndonos a su posición en el cerebro humano, como rasgo distintivo y pormenor forjador del mundo. Se trata así de un dispositivo cerebral para ofrecernos en calidad de hablantes todas las capacidades que obedecen a tamaña prerrogativa, no sólo las concernientes a la lengua nativa a la que hemos arribado por ‘circunstancias y casualidades’, sino a las del conjunto de esas cualidades –una verdadera GRAMÁTICA UNIVERSAL, algo así como los Universales de los que ya hablaban los filósofos clásicos, especialmente Aristóteles, pero ceñidos aquí a los mecanismos de conciencia naturales.

Lo que debe intentar el ‘gramático’ es aproximarse lo más posible a ese dispositivo, a través de la construcción progresiva –y nos animamos a decir infinitamente insuficiente- de un sistema que pueda responder lo más cercanamente posible a las razones para que el cerebro guíe nuestro lenguaje a lo largo de su desarrollo y sus alcances.

La Gramática aparece de tal modo como el embrión del tema Lenguaje –ya que consiste en el desentrañamiento de los mecanismos que lo producen– y el lenguaje como el área Focal del conocimiento, desde donde resulta imprescindible abordar su desarrollo en integridad y no con un exceso de ‘epistemologización del objeto de estudio’ –hasta casi ‘independizar’ a las disciplinas que se ocupan de cada aspecto en particular, con el riesgo que eso inocula de separaciones arbitrarias de fenómenos que confluyen. 

Sería ideal conseguir diferenciar, gracias al trabajo gramatical integrado, los canales de acción del pensamiento de los modelos de conducta, pues aquél es anterior a éstos. La ‘lógica natural’ vincula fehacientemente las estructuras lingüísticas con la capacidad de pensar, y por ello su acervo debe ser tratado no acumulativamente sino de modo cíclico, progresivo (no cuantitativa sino cualitativamente). 

La lengua, en las circunstancias que aspiramos sea tratada, es sólo el corpus donde han de recaer los dispositivos motores y psíquicos de nuestra capacidad para el Lenguaje, y la Gramática el conjunto de tales dispositivos. Sus divulgadores e investigadores están así obligados a posicionarse frente al criterio científico con que la Gramática ha de explicar los procesos mentales relacionados con el lenguaje y el mundo, o sea, con la mismísima construcción de la realidad.

Cuando hablamos de ‘dispositivo cerebral’, queremos aludir a un Sistema psicofísico, compuesto de estructuras vacías al nacer, de perfiles delimitadores, de microfibrillas conectivas que se presentan proclives a encauzar encadenamientos de alta complejidad; compuesto también de sectores (faces), cuya fuente energética los pone en combinación con la totalidad del dispositivo (niveles de interfaz), hasta llegar a desembocar en un acto voluntario, muscular y expresivo, primero elemental y luego cada vez más elaborado –ocasión en que las estructuras vacías mencionadas comienzan a llenarse por influencia del contexto de situación–; merced a ese acto se consigue iniciar y desarrollar el atractivo sendero de la comunicación y de todas las otras construcciones para las que el lenguaje se encuentra dotado. Por ello decimos que estamos ante un dispositivo biológico, y a eso es a lo que llamamos GRAMÁTICA, y en tanto biología revela un marco de acciones posibles, forja una idea del mundo y traslada su propia conformación a la organización de esa idea, convirtiendo cualquier asunto humano en ‘evento interpretable’. Destina al ser a comprender y entablarse con todo lo que lo rodea. Fuerza centrífuga y centrípeta a la vez, la gramática se adueña tanto del deseo como de lo deseado.

Respecto del término convencional ‘gramática’, todas las culturas (al menos desde la hindú, hace veinticinco siglos, pues la de la lengua sagrada Sánscrito es la primera que se conoce) intentaron armar una explicación, no sobre el fenómeno que produce ‘lenguaje’ sino sobre lo producido ostensible. Inobjetablemente se hubo de recaer en lo observable, que no es más que el dato frente al que uno ejerce cierto dominio: el estudio estuvo mayormente centrado en las lenguas particulares, antes que en el lenguaje como un universal, y tal estudio resultó inevitablemente de base descriptivista en lugar de adecuarse a un auténtico sondeo orgánico y psicogenético, o sea biológico.

Por eso el abordaje que se intentó no llegó a ser más que una mera descripción de los acontecimientos motores y físicos que provocan el lenguaje, y que terminan traducidos en líneas más o menos homogéneas, cuyo conjunto deriva en los llamados ‘enunciados’; el objeto fue, entonces, el más próximo, la propia Lengua. 

No quitaremos importancia a la naturaleza social del lenguaje, ni al valor del léxico como reducto cultural. De lo que trataremos, no obstante, es de pensar la naturaleza lógica de las estructuras mentales que dan pie a la gramática, los módulos creativos y a la vez funcionales de la lengua. De allí que el contexto, o las influencias exteriores, para nuestro estudio, sean de nula importancia. 

Nos hemos propuesto en este libro un nuevo acercamiento al problema de la morfosintaxis, no desde un punto de vista meramente descriptivo, que establezca estructuras para un corpus correcto de expresiones lingüísticas, sino más bien desde un análisis explicativo que conlleve la formulación de principios que desarrollen las causas por las cuales se genera el lenguaje. La sintaxis, el núcleo duro de la gramática, el componente computacional que opera como principio creador de la lengua, es nuestro objeto de estudio. Explicar su funcionamiento es explicar el funcionamiento de nuestro pensamiento como seres humanos. Dado que el lenguaje es un hecho mental, la lengua es el medio por el cual se construyen los mundos posibles de la reflexión humana. Tarea de este trabajo de investigación es proponer una sintaxis que, desde la crítica, ensaye un modelo de análisis que no sea un simple cambio de nombres, nomenclaturas siempre caprichosas, sino un modelo abierto a la constante transformación, como lo merece una lengua –en este caso la castellana– puesto que toda lengua se halla inmersa en un constante proceso de cambio. Si bien la sintaxis parece ser la disciplina menos variable desde un punto de vista temporal, los efectos que la oralidad produce en el uso de la lengua, cotidianamente, requieren de explicaciones que viertan luz sobre la creatividad transformadora de los hablantes. 

Por ello, es preciso recuperar una disciplina que llegue a dictaminar formatos en los niveles de superficie lingüística pero que pueda penetrar en sus subyacencias. Lo puede hacer un programa como el de la sintaxis (o morfosintaxis, si queremos mantener el vínculo entre forma y utilidad, entre leyes de comprobación y partículas aprobatorias de esas leyes, y de paso, como dijimos al comienzo, dedicándonos a un tratamiento paradigmático de la lengua nativa). La (morfo)sintaxis parece ser un abrevadero común para la instalación en las lenguas de cierto orden de consumación de sus elementos. Más allá de las posiciones que les toque a los ítems respectivos, y de sus diferentes modos de enlace, la (morfo)sintaxis nos habla de enlaces y posiciones, razón suficiente para otorgarle primacía en su calidad de Postulado de Universalidad. Atisbar cómo son esas posiciones y esos enlaces en el ‘español’ constituirá la toma de partido por las Posibilidades de Ocurrencia, en esa lengua, de los entramados generadores del lenguaje en el ser humano.

Se trata entonces de intentar un sistema de acceso a la construcción del lenguaje, la cual se vuelve efectiva por vías de un dispositivo interno llamado Gramática. Tal sistema constituye una subteoría gramatical, consistente en principios y métodos de análisis. Su fundamento filosófico es que todo lo que sucede en el enunciado está destinado a suceder (se trata de MUNDOS POSIBLES –MP– contenidos en las propias unidades como facultad realizable), cosa que se comprueba a través de una ebp (expansión de base argumental), para el reconocimiento de los argumentos actuantes y de los sintagmas –stg– que integran el entorno circunstante.

En lo que nosotros nos proponemos, llevará a un tipo de análisis que supere el método estructural (sea a través de cajas chinas o como se prefiera la demarcación de funciones sintácticas en la oración). Aspiramos a que el análisis refleje la simultaneidad de los elementos del enunciado, posicionándolos tras una primera lectura interpretativa en sus respectivas líneas argumentales y circunstantes (y en otras zonas que se irán sumando a lo largo del recorrido), como también a asentar marcas de relación antes que de función, de ‘independencia’ activa de los sintagmas, con efectos generales de instalación de esas marcas, que vengan a reemplazar el gráfico escalonado de las ya tradicionales tácticas convencionales. Esta llevará a la desaparición de la primacía de la partición ‘Sujeto/Predicado’.

Hemos llamado “Flexión y expansión” al presente estudio ya que un principio básico rige su naturaleza: una lengua construye sus enunciados desde una naturaleza profunda en la que domina el verbo, núcleo creador de la expresión, y por ende, flexión primordial de la que surgen los argumentos que él requiera como sus complementos necesarios. En ese sentido, el verbo “se expande hacia sus argumentos”, llevando su significación hacia elementos que toman entidad sintáctica de acuerdo con leyes que la gramática debe explicar. 

La historia de los estudios gramaticales ha estado relacionada más con las ciencias sociales, que con las llamadas ciencias exactas. Excepciones como la gramática razonada de Port Royal, que observó la insuficiencia de la mera descripción superficial de los enunciados, o ciertos planteos desarrollados en el siglo XIX por Humboldt fueron la base para que en el siglo XX, de la mano de los estudios encabezados por Noam Chomsky, se abrieran nuevas perspectivas de estudio. El replanteo constante, la revisión de ciertos conceptos considerados posteriormente como erróneos, no invalidan tales estudios. Muy por el contrario, sus revisiones consideran aspectos que los primeros esbozos habían descuidado, como lo era la simplicidad transformacional que se opera al momento de generar una determinada expresión. La concepción genetista del lenguaje ha significado un avance singular, toda vez que las tradicionales concepciones sociales no podían explicar la enorme creatividad que el hablante posee a la hora de exponer sus ideas a través de la palabra. La reflexión que el hablante realiza sobre su lengua, una reflexión de naturaleza inductiva, es el punto de partida sobre el cual el lingüista construye sus investigaciones. 

Bien sabemos las críticas que se han realizado, desde diferentes enfoques científicos, al principio por el cual el hablante posee un saber intuitivo de su lengua (1). Sin embargo, tales críticas, que parecen no tener en cuenta la capacidad de la que hace gala un niño a los dos años para desarrollar su lengua, no consideran el simple principio de la unidad de todas las lenguas sobre una base sintáctica común. La Gramática Universal (2), su concepción teórica, simplifica la previsible complejidad que parece observarse, superficialmente, al compararse una lengua con otra. Aunque esas diferencias parezcan enormes, su más profunda sintaxis se sostiene sobre principios comunes. 

La superación del modelo de análisis estructural deviene, pues, una necesidad, toda vez que los parámetros de análisis se vuelven insuficientes a la hora de explicar los elementos de profundidad que sustentan la estructura superficial de una oración. 

La clasificación de las palabras, modelo que la escuela ha venido repitiendo desde hace ya muchos años, no ha tomado en cuenta que muchos de los principios en los que se basa dicha clasificación son erróneos, al menos desde la más simple de las miradas: aquella que intenta conectar una definición meramente teórica con el funcionamiento práctico que se hace de las palabras en un enunciado oracional. Por ejemplo, tomemos el caso de los artículos, vistos como una clase diferente, independiente de las funciones pronominales, cuando sería mucho más simple su incorporación al orden de los sustantivos pronominales. Desde este punto de vista, una oración como “La mejor de las derrotas no deja de ser una derrota”, permite observar en el Sujeto “La mejor de las derrotas” que el llamado artículo “La” es el núcleo, pues es esa palabra la que ha asumido la significación sustantiva, con variante morfológica en género y número, frente al adjetivo “mejor” que, desde su invariabilidad genérica no retiene la significación de la sustancia. Esto es: un artículo (un pronombre determinante, valdría llamarlo) adquiere el significado del sustantivo al que se refiere (derrota), funcionando claramente como pronombre. 

La clasificación semántica de las palabras, pues, debería ser profundamente revisada, hecho que intentamos plasmar desde el mismo funcionamiento sintáctico, para explicar su naturaleza de palabra en sí, como componente del entramado que es una oración. Este problema, el de la clasificación semántica de las palabras, es antiguo, pero no resuelto aún. Los griegos ya lo habían intentado desde dos concepciones contrapuestas: desde el racionalismo platónico, que simplificaba los elementos constitutivos fundamentales a dos, el NOMBRE (Ónoma) y el VERBO (Rema) que permitían la predicación, hasta la clasificación primaria de Aristóteles, que auspiciaría las futuras “clases de palabras” de los estoicos, fundamentalmente desarrolladas desde una concepción empirista del lenguaje. Los esfuerzos clasificatorios del estructuralismo en el siglo XX han dejado sin respuesta muchos de los interrogantes sobre el funcionamiento de las palabras,  para centrarse en la clasificación por la clasificación en sí, separando los aspectos morfosintácticos de los semánticos, lo que ha provocado un atropello del mismo funcionamiento natural del lenguaje, del comportamiento que hacen las estructuras más profundas del lenguaje a través de la estructura superficial. Los alcances teóricos del funcionalismo, en ese mismo sentido, abren la perspectiva de análisis, aunque manifiesten algunos equívocos teóricos heredados del mismo estructuralismo (3).

Desde este mismo planteo crítico, creemos necesaria la revisión, también, del modelo comunicacional que aparece como dominante en la enseñanza y en el estudio sistemático de la lengua. Debemos tener muy en claro que la lengua, como sistema gramatical y como parte inherente del hecho consciente, no puede quedar exclusivamente reservada al acto comunicativo. El hablante organiza su comprensión del mundo e imagina nuevos mundos posibles, desde su propia capacidad reflexiva. El lenguaje no deviene, por ello, un hecho meramente comunicacional, sino de características reflexivas, subjetivas, que requiere para su manifestación comunicativa de un enorme esfuerzo interpretativo de parte de los actores del hecho en sí. La compleja relación entre la mente y el lenguaje es un tema fundamental al momento de estudiar cómo se desarrolla el lenguaje, pero también es un elemento claro que permite considerar los verdaderos alcances que el lenguaje posee para los seres humanos, más allá de los actos comunicacionales en los que participe el hablante. La construcción del mundo es un proceso mental que utiliza al lenguaje como material para la interpretación, pero además para la simbolización personal que el mundo fenoménico ofrece al hablante. La construcción personal del mundo lingüístico conlleva un esfuerzo semántico que el ser humano construye desde la interacción social, hacia su mundo interior. El lenguaje, su estructura más profunda, aquel objeto que el lingüista persigue con interés, no puede quedar relegado al mero hecho del habla; la lingüística debe sumergirse en la materia mental que construye el lenguaje, recurriendo para ello a los aportes psicológicos, que no habían sido desdeñados por Humboldt o por los neogramáticos alemanes del siglo XIX y que bien permitirían considerar al lenguaje como el elemento clave del reservorio inconsciente. En este sentido, los estudios desarrollados por Jacques Lacan acerca de la naturaleza lingüística del inconsciente son de vital importancia para profundizar en dicha naturaleza del lenguaje.

¿Qué y cómo se expande? (4)

Comencemos por pensar que el verbo, como palabra, es el elemento creador. De él surgirá la expresión, la oración, si se quiere un nombre más común. ¿Cómo es esto?

Pensemos en una piedra arrojada en un lago. Una vez que se produjo el impacto, vemos ondas concéntricas que se desarrollan desde el lugar del impacto hacia la periferia, cada vez más alejadas de su centro. Bien, retengamos esa imagen. Porque la oración, y por ende aquellos fragmentos o totalidades que conforme con otras oraciones, surge de un elemento que alcanza el nivel de la explosión gramatical en la mente del hablante: el verbo. El verbo, pues, es la piedra de la metáfora anterior. Y de su flexión nacerán los círculos concéntricos, más cercanos o más lejanos, que complementarán su tarea del decir. 

En este caso hablaremos de flexión verbal. La expansión de la base predicacional que él genera autoriza la aparición de tres argumentos: 1ª argumento (Agente de la flexión), 2ª argumento (Paciente de la flexión) y 3ª argumento (Tema o Destino de la flexión). Todo ello se vuelve comprensible con la noción de “SIGNIFICANTO” que consideramos necesario incorporar a la hora de establecer un concepto concreto que participe del SIGNIFICADO pero que se materialice como SIGNIFICANTE en la misma dimensión de la oración, y que podríamos relacionar con la teoría de los casos que las gramáticas de las lenguas flexivas, como el griego y el latín, mantienen en la misma naturaleza morfológica de las palabras (5). Sin embargo, no debemos trasladar el ya de por sí complejo concepto de los casos a los argumentos planteados en esta morfosintaxis, puesto que la misma concepción de caso ya ha sido utilizada en otros momentos para la lengua castellana demostrándose como un fracaso epistemológico, ya que nuestra lengua materna, como todas las lenguas romances, ha perdido la característica morfológica o flexiva que el caso guardaba en las lenguas clásicas, reemplazándolo por un complejo sistema de preposiciones que funciona no siempre para los mismos argumentos en la oración (6). En este sentido, queda claro que el término “Flexión” que utilizamos para este trabajo no conlleva en sí el que poseía en las lenguas flexivas, sino un término específico que reservamos sólo para el verbo  como ese núcleo que se expande hacia los argumentos. 

El verbo, como dijéramos en oportunidad anterior (7), atraviesa los argumentos, y los genera. Nótese que el primer argumento, desde el punto meramente del análisis sintáctico, consiste en el sujeto, lo que lo encuentra separado de la base predicacional en principio. Sin embargo,  a lo que nos referimos aquí cuando decimos que el agente nace o se genera del verbo es a que el verbo es el que determina la posibilidad de existencia de sujeto, toda vez que, en ciertos casos el verbo no lo requiere. A todo esto (8), agreguemos que la pronominalización del sujeto, como ocurre con las lenguas no flexivas como el inglés, se hace presente en la oración por obra de una especificación que el hablante quiere realizar al momento de enunciar la misma. Las llamadas formas no personales del verbo –participio, infinitivo y gerundio– también conllevan un pronombre que no mencionamos al momento de la enunciación, pero que está inserto en la estructura profunda de la oración. Veamos el siguiente ejemplo: 
“Vi bailar durante toda la noche.”
El sujeto de esta oración, como queda claro por la desinencia verbal es “yo”, la primera persona. Pero, al momento de observar sobre quién recae el hecho de “bailar”  pensamos en un “ella” al que hace referencia la forma pronominal acusativa “la” que inicia la oración. Su transformación podría ser “La vi que ella bailaba durante toda la noche”, con lo cual el infinitivo bailar, que encierra una acción determinada, no necesita expresar en nuestra lengua un sujeto, pero sí lo sobreentiende. Del mismo modo ocurre con “La vi bailando durante toda la noche”. 
La impersonalidad en castellano conlleva la tercera persona del singular. Incluso en oraciones con sujeto infinitivo, o de otra naturaleza semántica, esto se repite como podemos observar en los siguientes ejemplos: 

  • “Trabajar es un derecho.”
  • “Es tarde para iniciar esa tarea.”
  • “Mañana será tarde para eso.”
  • “Estudiar todo parecía imposible.”
  • Observemos el siguiente ejemplo: 
  • “Juan obsequió bombones a su esposa.”

Desde nuestro análisis, podemos constatar lo siguiente: 

                                          Campo argumental
                                      
                                                     O
                                                        b
     Primer argumento                     s             Segundo argumento
      “Juan” (Agente)                       e             “Bombones” (Paciente)
                                                        q
                                                        u          
                                                        i              Tercer argumento
                                                        ó        “esposa” (Tema o destino)
La oración, desde nuestro planteo de análisis, aún no ha recibido las funciones sintácticas que se asignan en un análisis superficial, esto es “Sujeto/Predicado”, “Verbo y modificadores”, sino que, desde la concepción del “SIGNIFICANTO” como nivel previo a la estructura sintáctica superficial, lo que notamos son el verbo y sus argumentos, a los que posteriormente reconoceremos en sus funciones sintácticas. De ese análisis hablaremos en este libro.

Pero, en mérito del rigor científico del sistema, para llegar a acaudalar esos logros metodológicos debemos promover de nuevo un ‘lenguaje formal’ que sirva para lanzarnos desde él, y elegiremos uno no muy diferente del que permanece en boga, con las apropiaciones en las que ya hemos venido incurriendo –todo lo cual servirá además para una inclusión pedagógica y una invitación orgánica a encarar la transformación.

Ese lenguaje se compone de nomenclaturas funcionales (S –sujeto–, P –predicado–, OD –objeto directo–…); estructurales (morfológicas: EL –expansión lineal–, Fcj –frase conjuniva–, UP Sust –unidad proposicional sustantiva–…; y fónicas: Mx –matriz–, MA –miembro aislado–, M. ABS –miembro absoluto–…), y debe estar sostenido por criterios de:

  • Economía (no usar más denominaciones que las estrictamente necesarias ni tratar casos por vías accesorias).
  • Recursividad (cada unidad descomponible como Mundo Posible puede contener cualquier fenómeno que haya sucedido o vaya a suceder fuera de ella).
  • Sucesividad (cada campo es devenible en otro, por ejemplo: de lo sintáctico a lo morfológico o viceversa, de lo morfológico a lo morfémico o viceversa, de lo morfémico a lo semántico o viceversa…).

Operativamente son cosas a tener en cuenta:

  • Sintagma
  • Relaciones sintácticas
  • El concepto de Unidad Preposicional (UP)
  • Clasificación de palabras (verbo, sustantivo, adjetivo, adverbio, interjecciones, conjunciones, preposiciones, cuasiafijos, PRONOMBRES)
  • Diferenciación de nomenclaturas funcionales, morfológicas y fónicas
  • Funciones sintácticas
  • Reconocimiento y análisis de UP dependientes
  • Miembro Aislado –y cuestiones anexas como Construcción Absoluta, Miembro Absoluto, Circunstanciales generalizadores–
  • Conjugación Perifrástica Casos del SE
  • Estructuras especiales
  • Período oracional como pasaje a la Gramática Transoracional (donde la oración no es vista como unidad máxima de análisis).

Para consolidar la subteoría que resulte del desarrollo que antecede es preciso confeccionar una Metateoría capaz de explicar cómo se han alcanzado las soluciones propuestas, y que a la vez esté en condiciones de aceptar contraejemplos y confrontación con otras teorías.

Epistemológicamente, la Gramática es en sí inalcanzable, pues se trata de una propiedad genética cerebral/mental, y por lo tanto el gramático debe ser consciente de que trabaja con un instrumento de aproximación a esa propiedad, el cual por generalidad de aspectos, como vimos, insistiremos en nombrar Morfosintaxis (no porque inventamos ese nombre, sino con el nuevo sesgo acuñado). Su desenvolvimiento en el marco social, o sus distorsiones orgánicas y conductas especiales, las especulaciones en torno de sus valores y desencadenantes en la vida personal, sus registros zonales o históricos, y demás concomitancias, deben caer bajo el dominio de disciplinas anexas que se ocupan del lenguaje de manera periférica: la Sociolingüística, la Neuro y Psicolingüística, la Filolingüística, la Geografía Lingüística y Etnolingüística, en fin, la Antropología y las ‘Ciencias del hombre’ con arreglo hacia una estrechamiento de lazos con las Ciencias llamadas ‘naturales’ (como hemos tratado de decir en esta breve exposición), al modo del generativismo en Lingüística, operando prácticamente con fórmulas matemáticas para la reconstrucción de las propiedades gramaticales innatas.

Por último, dividiremos el recorrido en cuatro unidades progresivas, temáticas y con distintos niveles de ejercitación propuestos. Parecerá que nos ajustamos al ‘análisis sintáctico’ ortodoxo (con nuestros giros personales, claro), pero nos dirigiremos a un diseño de actuación del dispositivo en el momento de producir cada discurso (oración o no –por insuficiencia o por desborde–). La quinta unidad quedará totalmente dedicada al tratamiento de la Morfémica, para completar, desde el afrontamiento de los mecanismos principalmente diacrónicos para la formación de vocablos y partículas, la conjunción entre la naturaleza del individuo y su historia personal, es decir, la fusión entre su diccionario adquirido y sus condiciones intrínsecas para establecer el ‘espacio significativo’ (la oración) en el que habrán de desenvolverse los especímenes siempre en cantidad creciente (vocablos), presentes en dicho diccionario.

Gustavo Manzanal y Sebastián Porrini

*prólogo a la edición impresa


(1) Consúltese, para este fin, Itkonen, Esa. ¿Qué es el lenguaje? Introducción a la filosofía de la lingüística Madrid. Biblioteca Nueva. 2008. 

(2)  Para este concepto, resulta útil consultar algunos de los múltiples escritos lingüísticos de Noam Chomsky, como su Lingüística cartesiana, Editorial Gredos, Madrid, 1969. 

(3) Para un análisis de los planteos sobre este tema desarrollados por el estructuralismo, el funcionalismo y el generativismo véase Giammatteo, Mabel y Albano, Hilda ¿Cómo se clasifican las palabras? Editorial Biblos. Buenos Aires, 2009, o el más teórico Introducción a la semántica de Ángel R. Fernández González, Salvador Hervás y Valerio Báez. Cátedra. Madrid, 1989. 

(4) Recomendamos la lectura de los capítulos “La premodernidad en Lingüística (los estudios anteriores al siglo XX)” y “En torno a Jacques Lacan” de Genealogía de estudios sobre el lenguaje de Gustavo Manzanal, C.E.A. Buenos Aires, 1997. 

(5)  Cfr. Agud, Ana. Historia y teoría de los casos Editorial Gredos. Biblioteca Románica Hispánica. 306. Madrid, y Mársico, Claudia T. Polémicas y paradigmas en la invención de la gramática ORDIA PRIMA, Studia 3. Córdoba. 2007.

(6) Obsérvese, en este sentido, Benot, Eduardo. Los casos y las oraciones Editorial Albatros. Buenos Aires, 1940. Que intenta establecer una amalgama entre los supuestos casos en nuestra lengua para dejar así abierta la puerta al estudio de las lenguas clásicas.  

(7)  Manzanal, G. y Porrini, S. Gramática = Lenguaje natural + Lenguaje artificial Ediciones Nuevos Tiempos. Buenos aires. 2010.

(8)  Es el caso, en castellano, de los verbos impersonales. Se nos dirá que en otras lenguas, tal sujeto es siempre requerido por el verbo. Responderemos a esta objeción que la falta de flexión de naturaleza morfológica convierte a esos sujetos en nulos, casi como afijos fuera de toda interpretación semántica. 
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