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Trazos trizas trozos, de Cristian Walter

Resarcimiento*

Después de un magistral alegato, el jurado llegó a la conclusión de declarar inocente a la demandada.
El fiscal estaba furioso y dijo no comprender el veredicto. No obstante, a la salida del tribunal, la acusada declaró: “¡Al fin se hizo justicia! Tanto años repudiada. Yo sólo les di de comer.”
El abogado defensor aseguró que iniciará una demanda por daños y perjuicios contra la Iglesia Católica, exigiendo un enorme resarcimiento económico por haberla difamado.
El Vaticano se declaró en bancarrota.



Momentos*

Tuvo momentos de felicidad, no vamos a negarlo, pero eran sólo eso: momentos. Se sentía importante durante las pocas horas que duraba la atención puesta en él: el pecho se le hinchaba y despedía un aroma fresco y verdoso; recibía besos y caricias por doquier; su nombre se repetía en cada rincón del departamento de Cecilia; pero, como dijimos antes, su felicidad duraba momentos: la tristeza lo invadía cada vez que Cecilia se quedaba sin agua caliente y lo dejaba abandonado sobre la mesada de la cocina, junto al termo.




Reencarnación*

Cuando vio por primera vez su reflejo en el río, se percató de su fealdad y decidió acabar con su vida. Acto seguido, reencarnó en un mariposa; pero su estadía en el mundo fue breve y no tuvo que esperar demasiado para un nuevo envase. Parado en el medio de la selva, una flecha atravesó su corazón a pesar de que su tamaño y su bravura infundían temor.
Se asomó a una nueva reencarnación: abrió los ojos; con sus anfibias extremidades acarició la viscosidad de su rostro y croó de felicidad. Desafortunadamente, un instante después recibió el beso que lo devolvió a su figura humana.


*del libro Trazos trizas trozos, cantamañanas (2012)



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De farsantes sobrevivientes y tontos, de Carolina Arias

PRÓLOGO*

“Me gusta la poesía que te deja la mente en silencio” rezaba el prólogo de un libro de poemas que compré una vez en una feria. La expresión hizo eco en mi cabeza, y no puedo despegarme de ella a la hora de escribir este prólogo.

Qué decir de una obra sin hablar primero del autor –en este caso, la autora–. 

Carolina Arias escribe dando pinceladas en cada palabra, cuidando hasta el último detalle del lienzo. Aquí nada está porque sí, nada queda librado al azar. Dicho esto, uno podría pensar que sus relatos quedan cerrados a una única y determinada interpretación; sin embargo, las cosas no funcionan de manera tan lineal: sus cuentos viven, con todo lo que ello implica.

Cuando esta obra llegó a mis manos junto al pedido de prologarla, me enfrenté al primer interrogante: ¿por dónde empiezo? ¿Cuentos, microcuentos, temáticas, recursos? Quise aventurarme tratando de encontrar un relato que pudiera resumir la obra completa, pero me resultó imposible.

Decidido a dar forma a este prólogo, fui de historia en historia anotando puntillosamente cada una de las impresiones –y emociones– que iban surgiendo cada vez que mis ojos recorrían las líneas que las forman. Ni bien llegué al final, comencé nuevamente por el principio, tratando de corroborar los resultados obtenidos y caí en la cuenta de que el asombro no había desaparecido y que aún podía extraérsele más jugo a la cuestión.

Desolado ante este panorama que se me presentaba cambiante, viendo palabras, frases e ideas bailotear frente a mí, opté por desmembrar cada uno de los cuentos y microcuentos que componen este libro. Fue entonces, después de tanta recorrida sobre estas páginas, que pude esbozar la idea de que los cuentos de Carolina Arias cobran vida con cada lectura que uno hace.

Supracromático, Animal, La mujer de rojo, Monjitas... todos y cada uno de ellos reflejan el alma humana. La mujer como objeto de deseo inalcanzable, la heroína abatida, el macho que siente perder su hombría detrás de un par de caderas seductoras.

En Vox Populi, la sentencia final aparece como una bofetada que nos obliga a replantearnos el sentido que les damos a las voces ajenas que merodean en torno a nuestros pensamientos; Utopía nos divierte al mismo tiempo que nos invade la idea de que lo que anhelamos ser y lo que se nos permite ser no siempre van de la mano. En Esos borroneados labios de café el paisaje del conurbano se presenta como el escenario ideal de una historia de encuentros, desencuentros,  espera y pérdida.

Con su prosa, Carolina Arias nos lleva de la mano por las calles porteñas y del Gran Buenos Aires; nos perfuma las palabras; nos hace vivir desencuentros, abandonos, muertes. Luego, sin preámbulos ni pretensiones desmedidas, nos devuelve la esperanza y nos deja la mente en silencio.

En estas páginas se percibe ese aroma a café artesanal, a noches de tango, a mate amargo y con espuma, a rimmel corrido, a tierra mojada; recorremos historias conocidas, nuestras historias, sin caer en lugares comunes, sin saber qué va a pasar.

En cada relato, la autora se encuentra agazapada, esperando el momento para darnos un zarpazo que nos desgarre o nos despierte: somos presas en su festín, tal como sus personajes.

Sin querer, nos dejamos llevar, nos dejamos hacer, mientras ella, la autora, Carolina, nos ceba un mate, nos ofrece un bizcochito y nos mira divertida porque sabe que ya cambió nuestro mundo.

                                                                                                        Cristian Walter

* prólogo a la edición impresa
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Sobre los trazos de tiza borroneados de una rayuela, de C. Arias y C. Walter

Palabras preliminares*

Normalmente uno va caminando por la calle sin reparar en ciertas cosas ¿no? Como por ejemplo: si la pintura de una pared está descascarada, o cuántos cables atraviesan el cielo de una esquina, o en las caras de los vendedores de monedas.

Son meros detalles que no influyen en nuestro acontecer cotidiano.

Ocurre, sin embargo, que en un momento determinado, uno se fija en alguna cosa sin importancia y entonces, descubre algo.

Vamos a ver, ¿cuántos de nosotros leemos cada número de cada boleto de colectivo y tren que sacamos? Generalmente no nos dedicamos a tareas tan mínimas. Y en eso, sucede que un día, de golpe y sin saber por qué, posamos distraídamente la mirada sobre el numerito del boleto del bondi... y ese -justo ese- es capicúa. ¿Pura coincidencia? ¿Casualidad? En realidad, algo de ‘causalidad’ hay ahí escondido. Pero... no vamos a hablar de predestinación: no nos vamos a poner esotéricos ahora.

La cuestión es que estábamos sentados en un banco de la plaza discutiendo [vaya a saberse de qué cosa] y tomando algo de sol otoñal, cuando vimos una cosa cuadrada y oscura tirada debajo del banco que teníamos enfrente. La curiosidad pudo más y recogimos el objeto: era una especie de libreta o agenda de cuero marrón. Nos miramos y, sin dudarlo, nos sentamos en el banco y la abrimos.
Nos encontramos con que le habían arrancado la mayoría de las hojas, aunque algunas quedaban. Había un par de poesías, cinco fotos, un registro que alguien había llevado de sus vacaciones, la página doscientos siete de un libro de Cortázar, dos entradas a una clase de salsa, anotaciones de fechas de parciales y de turnos en el médico, la servilleta de papel de un bar y un trébol de cuatro hojas.

Buscamos números de teléfonos o direcciones, para devolver la libreta: nada. Resolvimos, entonces, quedárnosla.

Algo nos atrajo de esos fragmentos de vida, algo que latía a través de los papeles, del trébol y del cuero de la tapa.

Esa noche, ya en casa, leímos el contenido varias veces. Como quien no quiere la cosa, alguien tiró la idea: ‘¿Y si escribimos algo con esto?’ ‘¿Algo como qué?’ ‘Yo qué sé... la historia de estos dos.’ ‘Mmm... ‘ta buena la idea...’
Y fue así que nos pusimos manos a la obra. Para resguardar su privacidad, les cambiamos los nombres: en este libro van a aparecer como Cecilia y Martín.

Promediando la escritura, nos dimos cuenta de que la historia se escribía sola, nosotros solamente éramos los mensajeros. 

Y finalizando, ya no sabíamos si habíamos escrito sobre nosotros en la figura de otros o sobre otros que eran tan semejantes a nosotros.

¿Quién es Martín? ¿Quién es Cecilia? ¿Quién es Carolina? ¿Quién es Cristian? ¿Será que la vida de uno es la de todos? ¿O será que toda vida es una ficción que nos construimos a medida?

Pero basta. Prometimos no ponernos esotéricos.

Ya no sabemos qué es lo que van a leer a continuación.

Tal vez sea, en definitiva, una historia más, o todas las historias, o, simplemente, cualquier historia.

                                                                                     Carolina Arias y Cristian Walter


*prólogo a la edición impresa

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Mi ViEja NO lo eNTenDeRÍa, de Dafne Mociulsky

PALABRAS INNECESARIAS*

Ojos de rayos x, eso parece que tuviera Dafne. Mira y le saca la ficha al asunto. ¿Explicar este libro? ¿Hacer un análisis muy erudito de los cuentos, del estilo, de la poética? ¿Buscarle analogías, comparaciones, filiaciones literarias...? No. Creemos que espantaríamos a los lectores o les arruinaríamos la experiencia.
Podríamos elogiar a la autora, pero no, tampoco sería necesario porque sus cuentos hablan por sí solos y te interpelan –a vos, lector–.

Acá bailotean nuestros fantasmas ante nuestros ojos y se desnudan –nos desnudan–. Así van transcurriendo historias que de tan fantásticas son perfectamente cotidianas, y situaciones que de tan trágicas, se vuelven cómicas.

De pronto te encontrás con piñas como “Pero claro, nadie te salva de vos mismo, ni a vos ni a nadie.” O “uno necesita, invariablemente, amor, y eso hace que uno se traicione sin cesar...” Uff... no importa, te recuperás y seguís leyendo.

Aparece delante de tus ojos un amor adolescente perfecto –y por ese mismo motivo, imposible–. Un amigo que le dice al otro exactamente lo último que éste quisiera escuchar. Un cobarde que huye ante la concreción de sus deseos.

Mujeres adictas, mujeres superadas, mujeres desorientadas, mujeres que no son mujeres.

Te tropezás con un “Lloraba porque existía. Era muy sutil para este mundo.” Pedís un respiro... pero no podés dejar de leer. Situaciones sexuales insólitas. Emociones en carne viva.

Bueno, no más parloteo. Te incitamos con la mayor de las irresponsabilidades a aventurarte en estas historias: el riesgo corre por tu propia cuenta.

                                                                                                                  Los Editores


*prólogo a la edición impresa
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EL EXTRAÑO y otros relatos, de Juan José Arias

AL LECTOR*

“Busco... no sé qué busco, pero mi ansiedad me conduce” confiesa uno de los relatos de este libro. Estos textos ponen al lector frente a una búsqueda, un transitar en donde la incertidumbre va diluyendo los límites de las cosas.

¿Cual es la frontera entre la locura y la sensatez? ¿Dónde está el punto límite entre el amor y la obsesión? ¿Existen diferencias entre un sueño vívido y una realidad entre tinieblas? ¿En qué momento exacto lo trágico se vuelve cómico?

Estas y otras cuestiones son plasmadas en escritos de distintos tonos y formas, que nos ofrecen un abanico de posibilidades, de pensamientos, de sensaciones, de lecturas.

Juan José Arias sabe caminar la cornisa sin caerse, manteniéndose en la línea delgada de la duda. Este libro no promete respuestas; augura preguntas. E invita al lector a compartir el mismo camino.

                                                                                                                        Los Editores



*prólogo a la edición impresa.
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FILOSOFÍA DE LA TÉCNICA TEATRAL
Indagación sobre las conexiones entre lo vivencial y la teatralidad

GUSTAVO MANZANAL

Prólogo de RICARDO HALAC

  En este trabajo, Gustavo Manzanal reúne escritos teóricos y reflexiones, ligados con su labor pedagógica, pero también con experiencias de actuación o dirección, dando muestras de un desvelo, que es el vínculo profundo que ha de establecerse entre la enseñanza y el saber ya constituido, el afrontamiento de formas estéticas y su influencia en la vida cotidiana y en el devenir de la realidad, y las responsabilidades de que quienes participan del Hecho Artístico (en particular del Teatro) encuentren modos de fortalecerse como individuos a través del trabajo concreto de aprendizaje, preparación y entrenamiento.

    Es un libro de filosofía más que de práctica, pues alienta a pensar y repensar aquellos movimientos interiores que resultan en el logro de una interpretación, con el propósito de sacar conclusiones sobre los estados personales y las relaciones con el entorno, y en referencia a un compromiso para con el mundo y sus circunstancias.
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NOVEDAD DICIEMBRE 2013

FILOSOFÍA DE LA TÉCNICA TEATRAL
GUSTAVO MANZANAL


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